Desarrollo de la obra Anglicana en Chile

Nov 20, 2017 | Iglesia Anglicana, Reforma

Esta breve descripción no abarca la obra realizada en la región de la Araucanía porque ello exigiría un trabajo mucho más extenso que este breve artículo. Aquí se entregará un breve resumen de la expansión de la presencia anglicana en las áreas urbanas de Chile.

En 1958, los obispos anglicanos reunidos en la Conferencia de Lambeth resolvieron que la comunidad anglicana debía empezar a trabajar en las áreas urbanas de Sudamérica, al que se llamó el ‘continente descuidado’, esto es importante, porque hasta ese momento, la Iglesia Anglicana había concentrado trabajo pastoral en las comunidades británicas del país y su esfuerzo misionero en la Araucanía.

Esta nueva etapa se inicia en 1958 con la llegada a Valparaíso del Rev. David Gardner y su familia.

Desagraciadamente, sus hijos no se adaptaron al país y volvió a Inglaterra, pero en 1961 llega desde Chol Chol el Rev. David Pytches, quien ese año celebra el primer culto en castellano en la Iglesia St. Paul’s. Pronto se le une el Rev. Antonio Valencia, su esposa Inés y familia. Así, en 1963, se inician los esfuerzos en Gomez Carreño, Viña del Mar. Luego surge la Iglesia Emanuel de Quilpué (1967). En 1969, el Rev. Peter Wood, capellán de la Iglesia St. Peter’s y director del Colegio St. Paul’s, organiza en su casa de calle Álvarez una pequeña comunidad que luego pasaría a ser la Iglesia San Pedro, la que sigue reuniéndose en el mismo lugar.

Con el correr de los años nacen las Iglesia de Villa Dulce, Canal Beagle (Iglesia Vida Nueva), Achupallas (Iglesia San Juan, 1974).

En la década 70 nacen iglesias en Glorias Navales (Iglesia Antioquía), Villa Alemana (Iglesia San Esteban, 1975), Valle Verde (Iglesia San Marcos). Pasaron varios años sin establecer nuevas obras, hasta que en el año 2005 se plantó la Iglesia San Andrés de Reñaca.
En el año 2013 se planta la Iglesia Pablo Apóstol en el plan de Valparaíso.

Para todo este trabajo se contó con un entusiasta grupo de misioneros al que progresivamente se incorporaron pastores nacionales. También surgen instituciones, como el Colegio St. Paul’s (fundado en la década de 1940 y que a fines de la década del 60 es traspasado a la Iglesia Anglicana), la Librería El Encuentro, el Centro Teológico.

Todas ellas ayudaron a expandir el mensaje de Cristo en la Región de Valparaíso.

En Santiago, a fines de la década del 60 se inicia un trabajo que busca apoyar pastoralmente a quienes habían migrado a la ciudad desde la zona rural de Temuco. La primera comunidad que se organizó es la actual Iglesia de Renca (Iglesia la Resurrección), que a su vez planta la que hoy es la Iglesia San Lucas de La Florida. Otras comunidades que surgen en esa época son la Iglesia de Lo Prado (Iglesia La Epifanía), San Joaquín (Iglesia Del Salvador), Conchalí Iglesia Emanuel), Maipú (Iglesia San Pablo), Renca (Iglesia Buenas Nuevas), Batuco.

A principios de la década de los 70 se da inicio a la obra evangelizadora en el sector oriente de Santiago, de este esfuerzo surgen las Iglesia de Providencia, Las Condes (Iglesia La Trinidad), La Reina (Iglesia San Andrés), a las que en los últimos años se unen las iglesia de Cantagallo, Vitacura, Peñalolen (2008), Calera de Tango (Misión Juan Bautista). También en la última década han surgido las Iglesias de Santiago centro (Iglesia Santiago Apóstol, 2010), Ñuñoa (Iglesia Cristo Redentor, 2007). Hoy día también hay misiones en Puente Alto (2015), en Ciudad de los Valles y en Rancagua.

Uno de los grandes logros ha sido la creación del Centro de Estudios Pastorales (2003), de donde han surgido la mayoría de los pastores que hoy sirven en la IACH.

En 1995 se decide dar inicio a los que se llamó ‘el Plan Norte’.

En lo que podemos llamar un ‘viaje apostólico’, en junio de ese año, del Obispo Ian Morrison, su esposa Marion y el Rev. Héctor Zavala, en ese entonces director regional de Santiago. De este esfuerzo surgen iglesias en Arica (Iglesia San Andrés, 11 de junio), Antofagasta (Iglesia del Salvador, 15 de junio).

También se iniciaron obras en Copiapó y La Serena, las que se cerraron después de cuatro años. En el año 2005 se da un nuevo impulso a la obra en La Serena (Iglesia El Redentor) al enviar como plantador a Pablo Zavala, alumno recién graduado del CEP, quien en su época de estudiante universitario había participado activamente en la fundación de la Iglesia en Antofagasta, por lo que desde siempre ha tenido una especial preocupación por la obra en el norte de Chile.

En Concepción, si bien ha existido una presencia anglicana bastante antigua; al igual que en varias ciudades con capellanías, los esfuerzos para tener cultos en castellano solo se iniciaron en la década del 60, pero no fue sino hasta el año 1979 que se dio inicio formal a los cultos en castellano en la Iglesia St. John’s. Esa comunidad fue conocida con ’Iglesia San Juan’. Hoy día, esta Iglesia se reúne en Chiguayante. De esa comunidad, a mediados de los años 80, surge la Iglesia San Pedro.

En Valdivia se establece una comunidad anglicana (Iglesia La Trinidad) cuando el entonces pastor Ian Morrison se traslada a esa ciudad en 1971 para ser profesor de la Universidad Austral. Esta es una iglesia que surge de un ‘tent maker’, o sea de una alguien que, ejerciendo un trabajo secular, usa su tiempo para evangelizar. De esa comunidad surge la idea de plantar otra iglesia en la misma ciudad, lo que se logra en el año 1998, ésta es la Iglesia San Marcos.

En Punta Arenas ha existido una iglesia Anglicana desde fines del siglo 19, pero es solo en 1985 que se inicia el trabajo para establecer una congregación en castellano. Esta etapa del trabajo fue liderada por el Rev. John Hervey, quien fue pastor de esa comunidad hasta el año 1993. Esa Iglesia tiene la particularidad de ser la Iglesia Anglicana más austral del mundo.

Como conclusión podemos decir que ésta es una historia que se sigue escribiendo, porque la misión de la Iglesia no ha terminado. El desafío de la IACH está expresado así en el documento ‘Por la Causa del Reino’, aprobado en el Sínodo de 2009:
“Nuestra Diócesis declara una inquebrantable voluntad misionera de compartir estas buenas nuevas del reino de Dios en Chile y donde sea que Dios nos dé la oportunidad de hacerlo.

Nosotros mismos tenemos el privilegio de ser el fruto del trabajo misionero serio y comprometido de aquellos hermanos nuestros venidos desde el extranjero para traernos el maravilloso mensaje del Reino de Dios.

Nuestro desafío es movilizar nuestra Diócesis de una mentalidad de mantención a una mentalidad de misión”.