La Iglesia Anglicana, una Iglesia comprensiva

Nov 8, 2017 | Iglesia Anglicana, Reforma

El carácter bíblico de la Iglesia Anglicana no se realizó sin sufrimiento. La reina María (r. 1553-58) intentó hacerla volver a la obediencia romana. Thomas Cranmer, otros obispos, y una muchedumbre del pueblo, fueron quemados por su imperturbable adhesión a principios bíblicos. Este costoso testimonio facilitó el restablecimiento de la reforma por Isabel I, (r. 1558-1603). Su excomunión por el Papa en 1570, consumó la ruptura con Roma. Consciente de la diversidad de convicciones religiosas dentro de su reino, Isabel dio un carácter comprensivo y tolerante a la Iglesia «no inquiriendo demasiado en las conciencias». La reina resistió las demandas de los extremistas que toda tradición no explícitamente autorizada por la letra de la Biblia debiera ser eliminado. Los 39 Artículos de Religión, que alcanzaron su forma definitiva en 1571, definieron los límites de esta política comprensiva. Desde aquel entonces, el desafío anglicano ha sido: «Muéstrennos que hay algo claramente expuesto en la Sagrada Escritura que nosotros no enseñamos y lo enseñaremos. Muéstrennos que hay algo en nuestra enseñanza y práctica claramente contrario a la Sagrada Escritura y lo abandonaremos».

En los siglos posteriores a la Reforma, la Iglesia Anglicana ha crecido, llegando a tener casi 100 millones de miembros al día de hoy. Actualmente es más apropiado hablar de la «Comunión Anglicana», una comunidad de iglesias autónomas, entre las cuales, la iglesia madre, la Iglesia de Inglaterra, es solamente un miembro más. Es interesante notar que en 1900 había 21 millones de miembros en Inglaterra y 6.700.000 en otros países.

En 1972 se contaba con 32.500.000 en Inglaterra y un mayor número, 32.900.000, en el resto del mundo. Hoy día, la inmensa mayoría de los casi 100 millones de anglicanos viven fuera de Inglaterra. El Arzobispo de Canterbury no posee ni desea ninguna autoridad sobre ellos, aunque por tradición él ha presidido la conferencia de Obispos que se ha reunido normalmente cada década durante los últimos 100 años, en Lambeth, Londres.

Ni el Arzobispo ni la conferencia pueden imponer sus decisiones sobre las iglesias locales, pero fue en esta conferencia en 1888 que se acordó tener el «Cuadrilátero de Lambeth» como una base de unificación para el Anglicanismo a través del mundo.

Tal acuerdo acepta las siguientes 4 características para la unidad de la Iglesia:

  1. Las Sagradas Escrituras como contenido de todas las cosas necesarias para la salvación.
  2. Los Credos históricos como normas de la Fe Cristiana.
  3. Los Sacramentos que son dos: el Bautismo y la Santa Cena, como instituidos por Cristo mismo.
  4. El Episcopado como una forma válida de gobierno de la
    Iglesia; adaptados localmente a las necesidades de las varias regiones y pueblos.

Actualmente la Comunión Anglicana está compuesta de provincias o confederaciones autónomas, formadas a su vez de un mínimo de 4 Diócesis.

Inevitablemente el espíritu de comprensión ha traído mucha diversidad a las Iglesias Anglicanas. Al no forzar a sus fieles a una conformidad absoluta, el anglicanismo pone su confianza en la autoridad del Espíritu Santo «Él nos guiará a toda verdad». El Libro de Oración Común y los 39 Artículos de Religión protegen las iglesias contra herejía, desorden y anarquía, pero no se quita al individuo el derecho y deber de seguir su conciencia iluminada por el Espíritu Santo y la Palabra. Su ideal es una fusión de disciplina corporativa y responsabilidad individual — creyentes que no sean esclavizados, ni por la ley, ni por la licencia.