La Iglesia Anglicana, una Iglesia Sudamericana

Nov 14, 2017 | Iglesia Anglicana, Reforma

El esfuerzo inicial para establecer la Iglesia Anglicana en Sudamérica nunca fue iniciativa de alguna organización central de Inglaterra. En las diferentes repúblicas, grupos de comerciantes ingleses llegaron a acuerdos con ministros ordenados de la Iglesia Anglicana para que fueran sus capellanes. A menudo estos ministros ya estaban en el continente trabajando en alguna otra capacidad, como en el caso del Revdo. John Armstrong, quien fundó la primera Iglesia Anglicana en Buenos Aires en 1825. Él había llegado a la Argentina como agente de la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera.

El Revdo. Thomas Kendall, quien organizó los primeros cultos regulares para los anglicanos en Valparaíso en 1825, había llegado a ese puerto como tutor para la familia del Vice Cónsul Británico. Cuando en 1840, un comerciante británico, Samuel Lafone, se trasladó de Buenos Aires al Uruguay, él construyó una iglesia en Montevideo, e invitó en el año 1845 al Revdo. John Armstrong para ser allí el primer capellán anglicano. El Revdo. William Armstrong, reemplazó posteriormente a su padre en Buenos Aires. El primer capellán en Perú, John G. Pearson, llegó a Lima en Marzo de 1849. La primera Iglesia Anglicana en Sudamérica fue la construida en 1819 en Río de Janeiro, Brasil.

Casi cien años más tarde, 1919, se construyó la iglesia de la capellanía en Asunción, Paraguay. Entonces las repúblicas de la parte norte de Sudamérica también se establecieron capellanías.

Aunque algunos de los clérigos recibían parte de sus salarios como Capellanes Consulares del Gobierno Británico, esta práctica terminó en 1875. Además de la vida espiritual que mantenían las diferentes comunidades anglicanas, una de las mayores contribuciones a la causa del Evangelio, fue la influencia amistosa que los ricos comerciantes ejercieron en la lucha por la libertad religiosa.

Algunos de los capellanes tuvieron una gran influencia en la vida de las repúblicas en las cuales ellos fueron llamados a trabajar. El Revdo. William Case Morris, por ejemplo, es recordado por sus 40 años de trabajo filantrópico, comenzado en 1895, al fundar escuelas evangélicas para la educación de los niños pobres y un hogar de huérfanos en Buenos Aires.

El siglo XIX también vio el desarrollo de un movimiento misionero evangélico en Sudamérica; los pioneros fueron inspirados por la vida de un anglicano, el Capitán Allen Gardiner, que llega a Chile en 1838 con el proyecto de llegar al pueblo mapuche. Las dificultades le imponen un cambio de objetivo, trasladándose a Tierra del Fuego, a la tierra de los yaganes. En 1851, el entregaría su vida por Cristo, muriendo de hambre en esas lejanías en 1851.

Es el primer mártir evangélico en el continente. A través de la Sociedad Misionera Patagónica que Gardiner fundó en 1844, que más tarde llegó a ser la Sociedad Misionera Sudamericana, varios líderes anglicanos realizaron importantes trabajos: se destacan en Tierra del Fuego W. H. Stirling y Thomas Bridges; en Araucanía Charles Sadleir y William Wilson comenzando en 1894; en el Chaco Argentino y Paraguayo, Barbrooke Grubb que empezó en 1890. 

En todos lados, los misioneros realizaron un trabajo médico y educacional en conjunto con la propagación del evangelio y la traducción de la Biblia. El primer obispo anglicano para Sudamérica fue Waite Stirling, misionero anglicano en Tierra del Fuego. Su sede episcopal estaba en Port Stanley, Islas Falkland.

En 1958, los obispos de la comunión anglicana recomendaron que los anglicanos presentes en Sud América extendieran su misión a las ciudades del continente, iniciándose un esfuerzo urbano de evangelización a principios de la década de 1960. En 1963 se establece la Diócesis de Chile, Bolivia y Perú, la que en 1978 se transforma en la Diócesis de Chile y Bolivia. En 1981, Bolivia es anexada a la diócesis de Perú, por lo que Chile pasa a ser la Iglesia Anglicana de Chile. Hoy día, la obra anglicana se extiende desde Arica a Punta Arenas, con aproximadamente 80 congregaciones. Los centros urbanos en Santiago y Valparaíso, como también las dispersas congregaciones rurales en la zona de la Araucanía, concentran la mayor parte de nuestra membresía.

 La Diócesis Anglicana de Chile forma parte de la Provincia Anglicana de Sud América y está organizada en cuatro arcedianatos: Aconcagua y Norte de Chile, Metropolitano, Araucanía, y Sur. En el sínodo de noviembre de 2015, por abrumadora mayoría, se decidió iniciar el proceso para transformar la IACH en una Provincia Anglicana.