Una reflexión sobre Santa Cena

“Y este día os será memorable y lo celebraréis [como] fiesta al SEÑOR; lo celebraréis por todas vuestras generaciones [como] ordenanza perpetua”.

Éxodo 12:14

 

El tema de recordar es algo muy gravitante en la Biblia, ya que en la historia bíblica, se enfatiza casi tanto el mirar hacia atrás, teniendo en mente el pasado, como también el gozarse en la esperanza venidera y el vivir de cara al futuro.

Sabiendo esto, hoy en día en las iglesias cristianas, de cualquier denominación que podamos distinguir, la Pascua es un tema importante y fundamental para la vida del creyente, o eso es lo que creemos o esperamos.

La Pascua en sí, no es solo una preparación para el gran evento de redención por parte de Dios hacia su pueblo Israel en Éxodo, sino también apunta y está relacionado con nosotros en la actualidad con la última cena que nuestro Señor Jesucristo compartió con sus discípulos antes de presentarse y cumplir con el plan maravilloso de salvación que tenía para todos, a pesar de que no lo merecíamos, muriendo en la preciosa cruz. Un evento que nos lleva a recordar, mirando hacia atrás esa obra sacrificial y a la vez mirar hacia adelante, al gran banquete celestial que nos tiene preparado para ser compartido con Él en la nueva Jerusalén.

Este evento relatado en el libro de Éxodo es tan importante para los israelitas, ya que lo que iba a suceder y simbolizar toda esta acción realizada, completamente por iniciativa del Señor, los haría pasar a vivir una nueva vida, como un nuevo comienzo, pasando de la esclavitud faraónica, que conlleva opresión y sufrimiento, a una nueva vida junto al Dios que los guiará a la tierra prometida en donde fluye leche y miel; y que además se relacionará y morará personalmente con ellos.

Aunque podemos apreciar dos eventos distintos, en contextos y grupos de personas diferentes, estos eventos redentores tienen propósitos similares, los cuales son:

  1. Nos ayuda tanto a nosotros como al pueblo de Israel a interpretar la importancia del evento que ocurrirá.
  2. Nos da un importante medio para recordar el evento después de que este haya pasado.

A pesar de las similitudes en sus propósitos, en estos eventos (la Pascua en éxodo como la santa cena de Jesús con los discípulos), ambos son relevantes según sus contextos, pero el de éxodo podría llegar a ser nuestro evento, si es que nos lleva a apuntar a la ultima cena, el cual debe ser, definitivamente nuestro evento a recordar.

Un recuerdo que debe ser transmitido, que debe mantenerse vivo al pasar el tiempo y cada generación debe sentirlo como propio. Una última cena que nos lleva a mirar a la cruz de Cristo y a mirar más allá, en la cena del Señor cuando regrese por segunda vez.

La santa cena que celebramos hoy en día en todas las iglesias cristianas deben tener ese enfoque, en donde recordamos el momento en que Jesús se ofrece a sí mismo como cordero intachable y sin mancha, en donde su muerte será un nuevo día para el hombre, el comienzo de una nueva era, en donde también su muerte será la muerte que nosotros merecíamos, llevando sobre sí el devastador juicio de Dios sobre el pecado de la humanidad, y que su sangre nos da la protección de ese juicio que era inevitable para todo el mundo.

Es por eso que Jesús en Lucas 22, se toma un tiempo con sus discípulos para recordarles y anunciarles la importancia de lo que se venía, además que iba a cumplir un rol poderoso como medio de recuerdo para las futuras generaciones. Y así mismo el apóstol Pablo en 1 Corintios 11:23-26 anima a la iglesia primitiva y a nosotros a haced esto para recordar y a la vez proclamar el evangelio.

Es por eso que cuando la Santa Cena es servida y somos invitados a participar, los creyentes experimentan un recuerdo afectuoso porque el evangelio es recordado y re aplicado. Recordamos que la gracia que fue comprada por la muerte de Cristo es la misma gracia que necesitamos cuando nos acercamos a la mesa.

Tanto el pueblo de Israel como también nosotros, somos llamados a recordar las obras maravillosas y poderosos de Dios en nuestra vida, pero tanto ellos como nosotros tenemos la mala costumbre de olvidar rápidamente.

Pero cada vez que tomamos la santa cena el evangelio es proclamado, y lo creemos y lo abrazamos de nuevo, en otras palabras, lo recordamos y volvemos a anhelar el gran banquete final junto a Jesús. Y este, el sentido que los cristianos deben tener en mente al acercarse a la mesa del Señor, con entusiasmo y esperanza, creyendo que esto no es una ceremonia religiosa aburrida, sino un recordatorio de la obra majestuosa de nuestro Señor Jesucristo.

 

Álvaro Leighton A.